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Nuestra historia

Una receta que cruzó el océano.

La partida

Hacia 1970, mi familia dejó Paul do Mar, un pueblo de pescadores de Calheta, en la costa oeste de Madeira, apretado entre el acantilado y el mar.

Se fueron con lo que cabía en una maleta y con todo lo que no cabe en ninguna: el acento, las canciones, la manera de poner la mesa. Y las recetas, guardadas donde no se pierden: en la memoria de las manos.

Gonçalves e FamíliaComo lo firmamos en cada etiqueta.

Al otro lado del océano

Lejos de la isla, la familia siguió celebrando como en el Paul do Mar: la mesa larga, las voces unas encima de otras y, al final, la copita de Tim Tam Tum que alguien servía con orgullo. Mientras hubiera Tim Tam Tum en la mesa, Madeira no estaba tan lejos.

En la cocina de casa

Lo que no cabe en un papel

“Un poco más de canela.”

“Todavía no; déjalo reposar.”

De mano en mano

La receta nunca estuvo del todo escrita. Pasó de generación en generación como pasan las cosas importantes: mirando, probando, corrigiendo.

Yo la aprendí así, en la cocina, sin prisa: al lado de quien la hacía, oliendo el almíbar antes de que estuviera listo y esperando lo que hiciera falta. Las medidas estaban en las manos, no en un papel.


Volver a hacerlo

Un día entendí que esa receta no podía quedarse solo en casa. No la inventé: la heredé. Lo único que le añadí fue la decisión de compartirla.

Por eso la hago como siempre se hizo: en pequeñas tandas, con tiempo y con las manos. Cada tanda reposa lo que necesita, aunque haya que esperar: la prisa nunca fue parte de la receta.

Para el mundo

Hoy Tim Tam Tum se embotella para compartir un pedazo de Madeira con quien nunca la ha visitado, y para devolvérsela, por un momento, a quien la extraña.

Cada botella lleva lo que aprendimos en aquella cocina: la receta de la familia, el tiempo que necesita y la costumbre de compartirla. El resto lo pone quien la sirve.

Se abre una botella, y quien está lejos se siente en casa.

El nombre

TimTamTum

Nadie sabe con certeza de dónde viene el nombre.

Para nosotros siempre fue un sonido antes que una palabra: el del cristal cuando la familia brinda, en tres tiempos, como quien marca un compás.

  1. Tim

    Se sirve.

    Las copitas se llenan y la conversación baja la voz.

  2. Tam

    Se brinda.

    El cristal se encuentra en el centro de la mesa y, por un instante, no falta nadie.

  3. Tum

    Se comparte.

    Lo que viene después: las historias de siempre y alguien que pide quedarse un rato más.

Tu botella

Para brindar con los tuyos, estés donde estés.

La hacemos en pequeñas tandas y con el tiempo que pide la receta, así que las botellas son pocas. Escríbenos y reservamos una para ti.